Ahora, el monstruo camina despacio,
libre de cualquier tensión, alejado
del recuerdo de ayer y pensando en
el siguiente día.
Las cadenas rompí para hacerle libre
y mordiéndome los labios para no
llorar, cerré los ojos y lo dejé marchar.
Derramó una lágrima por cada instante
vivido, por cada momento compartido
con un ente tan efímero como yo.
Pero ahora, el monstruo camina despacio,
libre de cualquier tensión, alejado
del recuerdo de ayer y pensando
en el siguiente día.
Adelante olvídame.
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martes, 1 de junio de 2010
viernes, 14 de mayo de 2010
05
Como una cerilla que se consume
plácidamente pero que aún alumbra
mantengo los acompasados
aplausos que te debo
y un trago más bebo
de esos vasos desgastados
cuando está todo en penumbra
antes de que mi realidad se esfume.
Me empapo de sueños robados.
Se retuerce tu aroma
escarbando en mi piel, adentrándose
en los mares de sangre
repletos de alcohol y cáñamo seco.
Respiro a destiempo y
muero.
No hay droga más dura que tú.
plácidamente pero que aún alumbra
mantengo los acompasados
aplausos que te debo
y un trago más bebo
de esos vasos desgastados
cuando está todo en penumbra
antes de que mi realidad se esfume.
Me empapo de sueños robados.
Se retuerce tu aroma
escarbando en mi piel, adentrándose
en los mares de sangre
repletos de alcohol y cáñamo seco.
Respiro a destiempo y
muero.
No hay droga más dura que tú.
miércoles, 12 de mayo de 2010
04
Tienes razón, atmósfera comprimida,
cuando dices que te hundo,
que te entierro poco a poco
que me mato lentamente.
Tienes razón, pétalo marchito
cuando dices que te arranco,
que te asfixio poco a poco
que me ahogo lentamente.
Tienes razón, manantial enfurecido
cuando dices que te absorbo,
que te lloro poco a poco
que me pudro lentamente.
Tienes razón, y no lo niego
cuando dices que te amo,
que te sueño poco a poco
que me duermo lentamente.
cuando dices que te hundo,
que te entierro poco a poco
que me mato lentamente.
Tienes razón, pétalo marchito
cuando dices que te arranco,
que te asfixio poco a poco
que me ahogo lentamente.
Tienes razón, manantial enfurecido
cuando dices que te absorbo,
que te lloro poco a poco
que me pudro lentamente.
Tienes razón, y no lo niego
cuando dices que te amo,
que te sueño poco a poco
que me duermo lentamente.
martes, 27 de abril de 2010
03
Lentamente y sin dudarlo
el austero carmín que bañaba tus labios,
como dos amapolas carmesíes,
se fue marchitando y mudando el color.
Desflorándose en púrpura viva
instigado por rubios besos a escondidas,
a deshora y mal dados,
alteró su materia en áureos pigmentos.
Así, esas, ahora, amarillas amapolas
que amaban misteriosamente a la muerte,
amamantaron el amargo
amanecer de un nuevo día.
el austero carmín que bañaba tus labios,
como dos amapolas carmesíes,
se fue marchitando y mudando el color.
Desflorándose en púrpura viva
instigado por rubios besos a escondidas,
a deshora y mal dados,
alteró su materia en áureos pigmentos.
Así, esas, ahora, amarillas amapolas
que amaban misteriosamente a la muerte,
amamantaron el amargo
amanecer de un nuevo día.
jueves, 22 de abril de 2010
02
Sonidos sordos, cortados, espesos.
Azules hojitas de ciprés muerto
bajo un sol que apenas se ve por
la sombra centinela de las nubes,
se tambalean entre el bien y el mal.
Recojo uno a uno, con cuidado,
livianos pedazos de ti, y los lanzo
de nuevo al suelo y salto encima,
pisoteándolos y pateándolos
como hice siempre.
Azules hojitas de ciprés muerto
bajo un sol que apenas se ve por
la sombra centinela de las nubes,
se tambalean entre el bien y el mal.
Recojo uno a uno, con cuidado,
livianos pedazos de ti, y los lanzo
de nuevo al suelo y salto encima,
pisoteándolos y pateándolos
como hice siempre.
miércoles, 21 de abril de 2010
01
Hoy se fue, coral latente de esperanza
y llegaste tú, soledad inmersa
en dos copas de vino apalabradas,
soñolienta muchacha de oscuros
cabellos que derraman
sobre su cara y su mirada
altas horas desgarradas.
Giros turbulentos, llantos aromáticos
en la incertidumbre exacta de tus besos,
de tu risa y de tu cuello,
de tu aire y de tu pelo,
y de tu cuerpo
y de tu brisa
y de tus sueños.
Perdí la voluntad de amarte,
y con mi mano temblorosa apuntándote
hundí mi mundo y el tuyo, que hasta
entonces había sido nuestro,
mío
y tuyo
pero más tuyo
que mío.
Y así, cavando lentamente
la tumba donde enterrar mis miedos,
recordé que estaba
vivo al buscar tu manos, y observé
que éstas,
hasta entonces suaves y cálidas,
se habían convertido en pierda.
Marmóreo y frío reflejo
de ti.
y llegaste tú, soledad inmersa
en dos copas de vino apalabradas,
soñolienta muchacha de oscuros
cabellos que derraman
sobre su cara y su mirada
altas horas desgarradas.
Giros turbulentos, llantos aromáticos
en la incertidumbre exacta de tus besos,
de tu risa y de tu cuello,
de tu aire y de tu pelo,
y de tu cuerpo
y de tu brisa
y de tus sueños.
Perdí la voluntad de amarte,
y con mi mano temblorosa apuntándote
hundí mi mundo y el tuyo, que hasta
entonces había sido nuestro,
mío
y tuyo
pero más tuyo
que mío.
Y así, cavando lentamente
la tumba donde enterrar mis miedos,
recordé que estaba
vivo al buscar tu manos, y observé
que éstas,
hasta entonces suaves y cálidas,
se habían convertido en pierda.
Marmóreo y frío reflejo
de ti.
sábado, 17 de abril de 2010
NO QUIERO SER UN POETA
Se peinará un poquito y se pondrá tan guapa
y saldrá musitando sus cosas al alba
y a mí, me hará falta algo más que agua del grifo
pa' quitarme las legañas,
a mí, hecho de nada,
nada mezclada con el humo de los bares,
de nada vale si no cuenta tus lunares,
ay del que intenta conquistar la luna entera
con algún verso de mierda, separarla de mi vera,
mírala toa' sonriente aunque le cante malamente
muy tranquila y muy quieta, porque con ella no,
no quiero ser un poeta,
Se peinará un poquito y se pondrá tan guapa
y yo a pintarme canas de tanto esperarla,
que a mí, la madrugada me lava toda la ropa
sucia del alma que ensuciaré seguramente
a la mañana, a mí, quítame alas, tírame al suelo
quiero estar donde me llaman, que desde el cielo
el corazón no huele a nada,
ay del que intenta conquistar la luna entera
con algún verso de mierda, separarla de mi vera,
mírala toa' sonriente aunque le cante malamente,
muy tranquila y muy quieta, porque con ella no,
no quiero ser un poeta.
No quiero ser un poeta. LA PATERA (1999). Marea
y saldrá musitando sus cosas al alba
y a mí, me hará falta algo más que agua del grifo
pa' quitarme las legañas,
a mí, hecho de nada,
nada mezclada con el humo de los bares,
de nada vale si no cuenta tus lunares,
ay del que intenta conquistar la luna entera
con algún verso de mierda, separarla de mi vera,
mírala toa' sonriente aunque le cante malamente
muy tranquila y muy quieta, porque con ella no,
no quiero ser un poeta,
Se peinará un poquito y se pondrá tan guapa
y yo a pintarme canas de tanto esperarla,
que a mí, la madrugada me lava toda la ropa
sucia del alma que ensuciaré seguramente
a la mañana, a mí, quítame alas, tírame al suelo
quiero estar donde me llaman, que desde el cielo
el corazón no huele a nada,
ay del que intenta conquistar la luna entera
con algún verso de mierda, separarla de mi vera,
mírala toa' sonriente aunque le cante malamente,
muy tranquila y muy quieta, porque con ella no,
no quiero ser un poeta.
No quiero ser un poeta. LA PATERA (1999). Marea
martes, 9 de marzo de 2010
LÁSTIMA
Me haces daño, Señor. Quita tu mano
de encima. Déjame con mi vacío,
déjame. Para abismo, con el mío
tengo bastante. Oh, Dios, si eres humano,
compadécete ya, quita esa mano
de encima. No me sirve. Me da frío
y miedo. Si eres Dios, yo soy tan mío
como tú. Y a soberbio, yo te gano.
Déjame. ¡Si pudiese yo matarte,
como haces tú, como haces tú! Nos coges
con las dos manos, nos ahogas. Matas
no se sabe por qué. Quiero cortarte
las manos. Esas manos que son trojes
del hambre, y de los hombres que arrebatas.
Blas de Otero
de encima. Déjame con mi vacío,
déjame. Para abismo, con el mío
tengo bastante. Oh, Dios, si eres humano,
compadécete ya, quita esa mano
de encima. No me sirve. Me da frío
y miedo. Si eres Dios, yo soy tan mío
como tú. Y a soberbio, yo te gano.
Déjame. ¡Si pudiese yo matarte,
como haces tú, como haces tú! Nos coges
con las dos manos, nos ahogas. Matas
no se sabe por qué. Quiero cortarte
las manos. Esas manos que son trojes
del hambre, y de los hombres que arrebatas.
Blas de Otero
lunes, 2 de febrero de 2009
GACELA DEL AMOR DESESPERADO
La noche no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.
Pero yo iré
aunque un sol de alacranes me coma la sien.
Pero tú vendrás
con la lengua quemada por la lluvia de sal.
El día no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.
Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.
Pero tú vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad.
Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tú mueras por mí.
Gacela del amor desesperado. DIVÁN DEL TAMARIT (1936). Federico García Lorca.
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.
Pero yo iré
aunque un sol de alacranes me coma la sien.
Pero tú vendrás
con la lengua quemada por la lluvia de sal.
El día no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.
Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.
Pero tú vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad.
Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tú mueras por mí.
Gacela del amor desesperado. DIVÁN DEL TAMARIT (1936). Federico García Lorca.
martes, 27 de enero de 2009
GACELA DEL AMOR IMPREVISTO
Nadie comprendía el perfume
de la oscura magnolia de tu vientre.
Nadie sabía que martirizabas
un colibrí de amor entre los dientes.
Mil caballitos persas se dormían
en la plaza con luna de tu frente,
mientras que yo enlazaba cuatro noches
tu cintura, enemiga de la nieve.
Entre yeso y jazmines, tu mirada
era un pálido ramo de simientes.
Yo busqué, para darte, por mi pecho
las letras de marfil que dicen siempre.
Siempre, siempre: jardín de mi agonía,
tu cuerpo fugitivo para siempre,
la sangre de tus venas en mi boca,
tu boca ya sin luz para mi muerte.
Gacela del amor imprevisto. DIVÁN DEL TAMARIT (1936). Federico García Lorca.
de la oscura magnolia de tu vientre.
Nadie sabía que martirizabas
un colibrí de amor entre los dientes.
Mil caballitos persas se dormían
en la plaza con luna de tu frente,
mientras que yo enlazaba cuatro noches
tu cintura, enemiga de la nieve.
Entre yeso y jazmines, tu mirada
era un pálido ramo de simientes.
Yo busqué, para darte, por mi pecho
las letras de marfil que dicen siempre.
Siempre, siempre: jardín de mi agonía,
tu cuerpo fugitivo para siempre,
la sangre de tus venas en mi boca,
tu boca ya sin luz para mi muerte.
Gacela del amor imprevisto. DIVÁN DEL TAMARIT (1936). Federico García Lorca.
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